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Jesucristo y el Carnaval

 

El Camino de la Sabiduría es Largo,
Estrecho, Escarpado y Requiere Humildad
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
 
 
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha
es la puerta, y espacioso el camino que lleva a
la perdición, y muchos son los que entran
por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el
camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.
 
(Jesús, en Mateo, 7:13-14)
 
 
 
El pensamiento honesto, responsable, con frecuencia provoca revoluciones.
 
El pensar produce la derrota de la ignorancia organizada. Es una actividad peligrosa para quien se guía por la rutina. Veamos un ejemplo.
 
¿Sería posible conciliar las celebraciones de la Navidad y de la Pascua, que son espirituales, con las festividades carnavalescas, que parecen celebrar exactamente lo contrario del camino señalado por Jesús?
 
Vale la pena comenzar revisando la enseñanza clásica del cristianismo sobre la relación entre el Espíritu y los impulsos animales.
 
La epístola de Pablo a los Gálatas, 5:16-17, determina cuál es la posición que el cristianismo adopta con relación al carnaval, si definimos el carnaval como una “celebración de la carne”:
 
“... Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contrario al Espíritu, y el del Espíritu es contrario a la carne; y estos se oponen entre sí...”.
 
Cabe esclarecer, desde el punto de vista de la teosofía, que la responsabilidad por la eventual degeneración ética de un ser humano, o por la decadencia moral de una sociedad entera, no es de ningún modo “de la carne” en sí misma.
 
El cuerpo físico solo registra y obedece los hábitos y deseos alimentados por el alma que lo ocupa.
 
Cuando la vida emocional del alma es pura, el cuerpo físico es puro. Cuando la vida emocional es dominada por deseos animales, de nada sirve echarle la culpa al cuerpo. Es el alma la que debe elevarse hacia una manera honesta de vivir. Es ella la que necesita unirse al Espíritu y rescatar a su vehículo físico de la suciedad generada por la falta de autocontrol.
 
Respetar el Cuerpo es Necesario
 
Si un caballo mal entrenado da coces, es preciso entrenarlo correctamente. Llamarle malo es inútil. Cuando un perro maleducado se comporta de modo perjudicial, hay que educarlo mejor.
 
De la misma manera, todo ser humano tiene el deber de purificar su propio cuerpo. Es correcto tratarlo como una especie de animal doméstico de importancia básica. El cuerpo tiene su propia inteligencia y procura obedecer fielmente a los deseos y decisiones del alma. Él es nuestra parte animal. Debe ser bien tratado, respetado y entrenado. A través del autoentrenamiento, el ser humano sensato rescata de la ignorancia a su instrumento físico en el mundo.
 
No todos los cuerpos son impuros o están mal entrenados. No todas las almas son confusas e incapaces de tener metas claras y valiosas. Por tanto, cuando el Nuevo Testamento habla de la “carne” como si esta fuese un nivel de consciencia humana directamente opuesto al Espíritu, el significado real de la palabra “carne” no es “cuerpo”, sino “cuerpo físico impuro” o, más precisamente, “instinto animal ciego”.
 
Así pues, en un fragmento que parece referirse al carnaval y a fiestas semejantes, la epístola de Pablo a los Gálatas afirma:
 
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios”. (Capítulo 5, versículos 19-21)
 
Cuando exalta la “carne” - es decir, el cuerpo humano dominado por los impulsos animales -, el carnaval celebra todo tipo de descontrol y abre espacio para la violencia, el abuso de drogas y alcohol, y la desesperación y el dolor que resultan de estas formas de desequilibrio. De este modo el yo inferior no tiene acceso al yo superior o “reino de los cielos”. Sin embargo, el exceso neurótico de ascetismo y el desprecio o la falta de respeto por el cuerpo son también errores fundamentales. El organismo físico del ser humano es uno de sus siete niveles de consciencia, y constituye potencialmente un templo sagrado del espíritu. Debe ser tratado con sabiduría y moderación.
 
El Camino de la Sabiduría
 
La figura de Jesucristo simboliza la sabiduría inmortal presente en las diferentes culturas y naciones alrededor del mundo. El camino de Jesús es el camino del equilibrio. Este camino estrecho está claramente delineado por Pablo en Gálatas, 5:22-26:
 
“... El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; (...) los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.
 
La epístola a los Gálatas muestra que el camino de Jesús es el camino de la moderación en el uso del cuerpo físico. Esta es la enseñanza de todos los verdaderos sabios, orientales y occidentales.
 
El Nuevo Testamento condena la exaltación animal del placer desequilibrado. El camino del alcoholismo, de las drogas y de la lujuria no forma parte de su enseñanza. Solo la humildad del alma - ejercida en el plano externo de la vida - permite la exaltación y la expansión del alma en el reino del espíritu. No son muchos los que están preparados para el camino de la sabiduría. En Mateo, 22:14, vemos:
 
“Muchos son llamados, y pocos escogidos”.
 
De hecho, el Jesús del Nuevo Testamento no buscó la popularidad. Contrarió el consenso de su época, desdeñó las reglas de la opinión pública dominante y tuvo pocos discípulos.
 
Jesús dejó clara la necesidad de una posición simple y austera delante de la vida, lo cual no significa ser intolerante. Enseñó la buena voluntad incondicional hacia todos los seres, incluidos los que consideramos ingenuos y desorientados.
 
No vale la pena adoptar neuróticamente la pose de santos y de jueces de las otras personas. Cada ser humano debe responder por su propia vida. Es posible, en cierta medida, advertir a la sociedad de la importancia del camino del desapego. No obstante, la rabia, el rencor y el desprecio son sentimientos contraproducentes, y perjudican a quien los alimenta.
 
Los niveles y dimensiones de la evolución humana son muchos. La dura ley de la siembra y la cosecha les muestra a todos los peregrinos, en algún momento, que la adoración del deseo irresponsable produce sufrimiento, mientras que el autocontrol, la moderación y la actitud humilde traen felicidad.
 
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El artículo “Jesucristo y el Carnaval” es una traducción del portugués y ha sido hecha por Alex Rambla Beltrán, con apoyo de nuestro equipo editorial, del cual forma parte el autor. Título original y link: “Jesus Cristo e o Carnaval”. La publicación en español ocurrió el 26 de 2020.
 
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Jesucristo y el Carnaval