El Esfuerzo Teosófico Moderno
En Su Naturaleza Triple y Septenaria
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
Portada de “The Fire and Light of Theosophical Literature”
 
 
 
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El siguiente texto es una traducción del capítulo
21 del libro “The Fire and Light of Theosophical
Literature”, de Carlos Cardoso Aveline, publicado por
The Aquarian Theosophist en Portugal, con 255 pp., en 2013.
 
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“Decimos y sostenemos que el SONIDO es un poder
oculto tremendo, una fuerza formidable. La electricidad
generada por un millón de Niágaras nunca podría
vencer a la más mínima parte de la potencia del sonido
cuando este es dirigido con conocimiento oculto”.
 
H. P. Blavatsky [1]
 
 
“Si es cierto (…) que todo en la
naturaleza es septenario, entonces
las palabras e ideas son septenarias…”.
 
Robert Crosbie [2]
 
 
 
El poder de los mantras está íntimamente relacionado con el proceso de emanación. “En el principio era el Verbo”, dice Juan 1:1, en el Nuevo Testamento. Y, de hecho, puede decirse también que “en el principio” del movimiento teosófico moderno “era el mantra”, el sonido oculto de la sabiduría, y el sonido se expresaba en tres niveles, o frecuencias vibratorias.
 
El recién nacido movimiento teosófico tenía un espíritu, un alma y un cuerpo. H. P. Blavatsky y los otros dos principales fundadores – W. Q. Judge y H. S. Olcott – eran solamente instrumentos externos que ayudaban a los demás a dar inicio al sonido sagrado en medio del karma humano, bastante ruidoso. Era la nota clave de un nuevo ciclo que estaba comenzando a vibrar.
 
Estos tres niveles o notas iniciales se expresaban (y expresaban su compleja interacción impersonal) en las tres secciones reconocidas del movimiento.
 
En las reglas y estatutos establecidos en la India el 17 de diciembre de 1879, se lee lo siguiente:
 
“XI. La Sociedad [Teosófica] consta de tres secciones. La primera, la más elevada, se compone exclusivamente de maestros o iniciados en la ciencia y filosofía esotéricas que están profundamente interesados en los asuntos de la Sociedad y que enseñan al presidente fundador a gestionarlos de la mejor manera posible. (…) La segunda sección se compone de los teósofos que, mediante su fidelidad, fervor, coraje y devoción a la Sociedad, han demostrado ser capaces de considerar a todos los hombres por igual como sus hermanos, independientemente de su casta, color, raza o credo, y que están preparados para defender la vida o el honor de un hermano teósofo, incluso a riesgo de perder sus propias vidas”.
 
La tercera sección era probatoria. Todos los nuevos miembros estaban a prueba “hasta que su propósito de permanecer en la Sociedad se volviese firme, hasta que mostrasen su utilidad y hasta que su capacidad de superar los malos hábitos y los prejuicios injustificables quedase demostrada”. [3]
 
Tal visión triádica del movimiento como un todo corresponde a la clasificación microcósmica triple de los niveles individuales de consciencia. El movimiento tiene: 1) un espíritu, que es la fuente de la enseñanza y la percepción; 2) un alma, el elemento vinculante central; y 3) un cuerpo, el vehículo externo para su manifestación en el mundo. Estos tres niveles también se relacionan con los tres gunas o cualidades del mundo manifestado. La primera sección, el espíritu, da al movimiento el guna satva, es decir, ritmo y armonía. La segunda sección, el alma/mente, le da el guna rajas, es decir, movimiento, pasión, aspiración; hace que las cosas ocurran. La tercera sección, el cuerpo, es el aspecto material del movimiento, y corresponde al guna tamas, que es la estabilidad y, en su aspecto negativo, la rutina y la decadencia.
 
En ausencia de espíritu, no hay ritmo y armonía sátvicas. Como resultado, el guna rajas es mal administrado. Pronto el alma del movimiento es confundida por la ignorancia y las ambiciones personales. Tal tipo incorrecto de rajas provoca, primero, división y fragmentación. Después, “se calma” y lleva al movimiento a un prolongado tamas de parálisis y decadencia. El apego a la comodidad y la rutina conducen a él. Ciertamente, hoy en día no es muy difícil ver división rajásica y parálisis tamásica en muchos sectores del movimiento.
 
A la larga, si se nos permite usar la metáfora presentada en la obra clásica “The Dream of Ravan” [4], tenemos la siguiente perspectiva de las tres secciones o niveles del movimiento, y algunas de sus correspondencias analógicas:
 
* La tercera sección es el cuerpo. Su cualidad es tamas y corresponde al carbón.
 
* La segunda sección es el alma/mente. Su cualidad es rajas y corresponde al fuego.
 
* La primera sección es el espíritu. Su cualidad es satva y corresponde a la luz.
 
Mientras se tenga una combinación correcta de los tres factores, habrá suficiente fuego y luz en el movimiento. El tiempo y la experiencia muestran cuál es la mejor manera de mantener seco el carbón y usar el aire del pensamiento para que el fuego purifique el alma y el espíritu ilumine la vida.
 
Esta visión triádica del movimiento no es la única. Tras los primeros años de su misión pública, HPB empezó a enseñar sobre los siete principios de la consciencia. Gradualmente, reveló el carácter septenario de todas las cosas del universo.
 
La luz solar y su energía tienen siete aspectos. El sonido y la música tienen siete notas principales en su escala, y estas corresponden a los siete planetas sagrados, relacionados con la pitagórica música de las esferas. La cadena terrestre tiene siete globos. Nuestra humanidad evoluciona a través de siete razas, y cada ser humano combina en sí mismo siete niveles diferentes de realidad por medio de sus siete principios. Los humanos son habitantes septenarios de un planeta septenario que viaja por el espacio de un sistema solar septenario. Y el sistema solar se mueve alrededor del centro de una galaxia septenaria cuyo tamaño es de cien mil años luz, según la ciencia actual. [5]
 
Hay una correspondencia armoniosa entre la visión triádica del hombre y la septenaria. Atma y Buddhi, los dos principios superiores, equivalen, en la clasificación triádica, al espíritu. Manas y Kama, los dos principios intermedios, corresponden al alma. Y Linga Sharira, Prana y Sthula Sharira, los tres principios externos, corresponden al cuerpo.
 
Por tanto, el movimiento es tres y es siete. Pero también es uno, porque, como William Judge escribió, “se encuentra en todas las épocas y naciones”. [6] Su constitución interna no está sujeta a divisiones burocráticas externas. Es una combinación única de varios niveles de realidad, consciencia, karma y buena voluntad universal, y no obedece a los límites de las instituciones humanas.
 
Nuestra Tierra guarda relación con el cuerpo físico del hombre, o, en la clasificación septenaria, con sus tres principios inferiores. La Luna tiene un vínculo especial con el alma, o los principios intermedios. Y el Sol está relacionado con el espíritu, el nous, los principios superiores, la mónada.
 
En “Isis Sin Velo”, hay una larga cita de Plutarco sobre este tema. El antiguo sabio dijo lo siguiente acerca de la tríada compuesta por nous (entendimiento), alma (sentimiento) y cuerpo (vehículo físico): “De estas tres partes asociadas y consolidadas juntas en el hombre, la Tierra ha dado el cuerpo, la Luna el alma y el Sol el entendimiento”. [7]
 
Además de estos tres elementos astronómicos, debe tenerse en consideración que los “planetas sagrados”, desde el punto de vista de la Tierra y el hombre, son siete.
 
Cada una de estas tres, y siete, líneas de evolución tiene su propio ritmo, aunque están todas íntimamente interconectadas. En “La Doctrina Secreta”, se lee que el Sol, la Luna y la Tierra son septenarios, al igual que los seres humanos:
 
“La última palabra del misterio es revelada únicamente a los adeptos, pero puede decirse que nuestro satélite es solo el cuerpo físico de sus principios invisibles. Así como hay 7 Tierras, hay también 7 Lunas. Solo la última de ellas es visible. Lo mismo ocurre con el Sol, cuyo cuerpo visible es llamado Maya, un reflejo, tal como el cuerpo humano. ‘El Sol y la Luna verdaderos son tan invisibles como el hombre verdadero’, dice una máxima oculta”. [8]
 
Los misterios tienen siete claves (véase “The Secret Doctrine”, volumen 1, p. 325). El ocultismo oriental tiene siete modos de interpretar las escrituras sagradas (“The Secret Doctrine”, volumen 1, p. 374). Por tanto, el movimiento teosófico debe tener también siete niveles. Pero ¿podemos vislumbrar con claridad su naturaleza septenaria?
 
H. P. Blavatsky no dijo mucho sobre este tema. En noviembre de 1890, durante una reunión con los estudiantes de su Grupo Interno en Londres, hizo un breve comentario acerca de los siete principios del movimiento. Según los registros de la reunión – que no contienen más que unas pocas palabras – HPB dijo, en primer lugar, que la Sociedad Teosófica no era sino el cuaternario inferior del movimiento. Como sabemos, el cuaternario inferior incluye:
 
1) La existencia física (sthula sharira).
2) La vitalidad “física” (prana).
3) El “doble astral” (linga sharira).
4) Los sentimientos animales/personales (kama).
 
HPB añadió que la Escuela Esotérica era el Manas inferior, y el Grupo Interno de la Escuela era el Manas del movimiento. [9]
 
Naturalmente, esta declaración era una metáfora informal hecha de pasada y que contenía indicaciones sobre la topografía oculta del movimiento. HPB no se estaba refiriendo a la Sociedad Teosófica per se, o a la Escuela Esotérica y su Grupo Interno como realidades físicas. Se refería a niveles de consciencia, no a cáscaras externas, ni a grupos formales o burocráticos de estudiantes.
 
De hecho, poco después de que HPB saliera de escena, la Sociedad Teosófica original dejó de existir debido a una traición, quizás inconsciente, perpetrada por Annie Besant y otros. La Escuela Esotérica de HPB en Londres y su “grupo interno” también desaparecieron como realidades vivas, aunque subsistieron como cáscaras vacías.
 
Esto no cambia el hecho central de que la clasificación septenaria de los principios sea válida para el movimiento teosófico, lo cual puede comprenderse mejor si el movimiento es visto como un proceso vivo y no como una burocracia de la letra muerta. Dondequiera y cuandoquiera que el movimiento esté realmente vivo, debe ser triádico y septenario. La esencia de la clasificación septenaria de los principios enseñada por HPB es tan válida hoy como en 1890, al igual que la esencia de la clasificación triple. Expresando en términos más generales la misma información que dio HPB en la reunión de 1890, de modo que esta sea más claramente válida para el movimiento vivo en cualquier tiempo y lugar, uno diría lo siguiente:
 
* El movimiento teosófico externo, es decir, la sangha o comunidad diversamente organizada que reúne estudiantes de la filosofía esotérica auténtica, corresponde al cuaternario inferior de un proceso vivo, septenario y más complejo.
 
* El nivel esotérico, o “escuela” esotérica, de este movimiento es el ambiente o la atmósfera en que los estudiantes pueden fomentar y compartir un proceso duradero de autoentrenamiento cuya meta es el discipulado laico o aprendizaje interno. Corresponde al Manas inferior, o el aspecto inferior del quinto principio del movimiento.
 
* Un nivel de la acción de los más experimentados, dedicados y perspicaces de tales estudiantes corresponde, en su aspecto colectivo, a Manas propiamente dicho, el quinto principio superior, que está básicamente libre de ataduras kámicas.
 
* Buddhi, el sexto principio del movimiento, no necesariamente tenía que ser mencionado por HPB. Corresponde a la acción e influencia de los Mahatmas e Iniciados, pues ellos se conectan con el movimiento y la humanidad a través de la compasión y solidaridad búddhicas.
 
* Atma, el séptimo principio, corresponde a la consciencia adéptica en sí misma, más allá de cualquier acción o tarea específica.
 
En un enfoque más específico, podemos volver a la perspectiva triádica del movimiento para recabar algunas de las mejores evidencias disponibles de los principios sexto (búddhico) y séptimo (átmico) del esfuerzo teosófico.
 
La primera sección, formalmente contemplada en los estatutos de la Sociedad original, corresponde al nivel “monádico” (atma-búddhico) del movimiento. Como hemos visto, durante algún tiempo a partir de 1875, los Adeptos e Iniciados fueron considerados oficialmente parte del movimiento organizado, en su estructura triádica. Esto ya no es así, pero ellos todavía deben de estar conectados con el movimiento, y el estudio de la visión septenaria del movimiento esclarece bien la naturaleza de su conexión. Un hecho significativo es que Atma y Buddhi no están dentro del organismo al que inspiran, como puede verse en el volumen “Las Cartas de los Mahatmas”.
 
En agosto de 1882, uno de los Mahatmas escribió una carta reveladora a A. P. Sinnett y A. O. Hume. Previamente, el Maestro les había dicho que “en el hombre no existe principio duradero alguno”. Después, Sinnett preguntó: “¿Qué hay de los principios sexto y séptimo?”.
 
El Maestro comentó:
 
“A esto contesto que ni Atma ni Buddhi estuvieron nunca en el hombre – pequeño axioma metafísico que puede usted estudiar con facilidad en Plutarco  y  Anaxágoras.  El último hizo de  su nous autocrates [10] el espíritu poderoso por sí mismo, el nous que, solo, reconocía el noúmeno; mientras que el primero enseñaba – basándose en la autoridad de Platón y de Pitágoras – que el demonium o este nous siempre se mantenía fuera del cuerpo; que flotaba y dominaba, por así decirlo, la parte extrema de la cabeza del hombre; solo es la gente vulgar la que cree que está dentro de ellos. (…) Lo permanente nunca se mezcla con lo impermanente, aunque los dos sean uno”. [11]
 
La misma afirmación aparece, y con más explicaciones, en “Isis Sin Velo”. [12]
 
Usando la ley de la analogía y aplicando esta idea al movimiento como un todo, se puede ver que los principios superiores del movimiento teosófico moderno – es decir, la consciencia adéptica e iniciática – eclipsan a sus principios intermedios, que corresponden a la atmósfera sutil creada por los esfuerzos de los aspirantes serios a la sabiduría esotérica. Puede tener también alguna influencia sobre el cuaternario del movimiento, es decir, sobre su acción y trabajo visibles, organizados.
 
Sin embargo, esto nunca puede darse por sentado. Dependerá de la calidad del trabajo individual llevado a cabo por los teósofos, y de si tienen “una vida limpia, una mente abierta, un corazón puro”, coraje para soportar las injusticias personales, y una mirada constante al ideal de progreso y perfección humanos.
 
Cuando se den las condiciones necesarias, la Presencia Sagrada eclipsará implícitamente, de manera más intensa, tanto el “alma” como el “cuerpo” del movimiento. Como dice “La Doctrina Secreta”:
 
“Solo la siempre desconocida e incognoscible Karana, la Causa Sin Causa de todas las causas, merece tener un altar y un santuario en el suelo sagrado y jamás pisado de nuestro corazón, invisible, intangible, inexpresable, excepto a través de ‘la pequeña voz silenciosa’ de nuestra alma espiritual. Los que rinden culto ante esta Presencia deben hacerlo en el silencio y la soledad santificada de sus almas, haciendo de su espíritu el único mediador entre ellos y el Espíritu Universal; de sus buenos actos, los únicos sacerdotes; y de sus intenciones pecaminosas, las únicas víctimas sacrificiales visibles y objetivas”. [13]
 
Visto como un organismo vivo, el movimiento teosófico es como el árbol Ashvattha, que crece con sus raíces en lo alto y sus ramas abajo.
 
En cuanto a sus hojas, no son solo los Vedas, como dice el Gita. [14] Incluyen toda tradición de sabiduría y toda filosofía, religión y ciencia, vistas desde una perspectiva correcta. HPB escribe lo siguiente sobre una humanidad anterior y más sabia:
 
“Era el árbol vivo de la sabiduría divina y, por tanto, se la puede comparar con el Árbol del Mundo de la leyenda nórdica, que no puede marchitarse y morir hasta que la última batalla de la vida haya sido librada, mientras que sus raíces son roídas en todo momento por el dragón Nidhogg. Del mismo modo, los dientes del tiempo roían el cuerpo del primer y santo Hijo de Kriyasakti, pero las raíces de su ser interno permanecían eternamente fuertes y sin deteriorarse, porque crecían y se expandían en el cielo, no en la tierra”. [15]
 
Las verdaderas raíces del árbol del movimiento teosófico están también en el cielo, o, mejor dicho, en Atma-Buddhi, sus principios sexto y séptimo. En el momento oportuno de cada ciclo, las ramas y hojas de tal árbol-movimiento se volverán, una vez más, visiblemente fuertes; no hay necesidad de preguntar al respecto. Sin embargo, tal vez el trabajo en favor del movimiento sea más meritorio durante los tiempos duros y silenciosos que durante los fáciles y ruidosos. [16]
 
NOTAS:
 
[1] The Secret Doctrine”, H. P. Blavatsky, volumen I, p. 555.
 
[2] “The Friendly Philosopher”, Robert Crosbie, Theosophy Co., Los Angeles, EUA, 1945, página 41.
 
[3] “Principles, Rules and Bye-Laws as revised in General Council at Bombay, December 17, 1879”, “The Theosophist”, Adyar, India, volumen I, abril de 1880, pp. 179-180.
 
[4]The Dream of Ravan”, Theosophy Company, Mumbai, India, 248 pp., p. 54.
 
[5] HPB escribió mucho sobre la importancia del número siete y el carácter septenario de la vida. Véanse, por ejemplo, sus artículos “The Number Seven” (“The Theosophist”, edición de junio de 1880), “The Number Seven and our Society” (“Theosophist”, septiembre de 1880), y prácticamente cada capítulo de “The Secret Doctrine”, especialmente el capítulo XXV del volumen II, “The Mysteries of the Hebdomad”. El lector encontrará también muchos pasajes reveladores en “Isis Unveiled”, incluido el volumen II, pp. 417-419.
 
[6] En el artículo “The Theosophical Movement”, “Path”, agosto de 1895. Véase “Theosophical Articles”, W. Q. Judge, Theosophy Company, volumen II, p. 124.
 
[7]Isis Unveiled”, H. P. Blavatsky, volumen II, pp. 283-284.
 
[8] The Secret Doctrine”, H. P. Blavatsky, volumen I, p. 179.
 
[9] “The Inner Group Teachings of H.P. Blavatsky”, Point Loma Publications, 1985, p. 27. Estas son las palabras exactas del acta de la reunión: “H.P.B. dijo que el Grupo Interno era el Manas de la S.T.; la E.E., el Manas inferior; la S.T., el cuaternario”.
 
[10] En letras griegas en el original.
 
[11] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, carta 127, p. 649.
 
[12]Isis Unveiled”, H. P. Blavatsky, volumen II, pp. 283-285.
 
[13] The Secret Doctrine”, H. P. Blavatsky, volumen I, p. 280.
 
[14] Véase el párrafo inicial del capítulo quince del “Bhagavad Gita”, The Theosophy Company, Los Angeles/Mumbai, 1986.
 
[15] The Secret Doctrine”, H. P. Blavatsky, volumen I, p. 211.
 
[16] Una versión inicial del capítulo anterior fue publicada como artículo en la revista FOHAT de Canadá, otoño de 2008, volumen XII, número 3, pp. 57-60.
 
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El artículo “Los Siete Principios del Movimiento” es una traducción del inglés y el trabajo ha sido hecho por el teósofo español Alex Rambla Beltrán. Texto original: “The Seven Principles of the Movement”. El texto está disponible en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos desde 04 de junio de 2026. Forma parte también de la edición de febrero de 2024 de “El Teósofo Acuariano”, pp. 9 a 15. 
 
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Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 
 
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