Las Cartas de los Mahatmas Muestran lo
Que Ocurre Entre la Muerte y el Renacimiento
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
 
 
“En la naturaleza nada se crea,
nada se pierde, todo se transforma”.
 
(Ley de Lavoisier)
 
 
 
1. Por Qué Estudiar el Tema
 
El asunto de la reencarnación es relativamente poco comprendido en los medios esotéricos. En este texto, vamos a describir en detalles el proceso práctico de la reencarnación. Vamos a analizar los varios estados y niveles por los cuales pasa una individualidad humana desde el final de una vida física hasta el comienzo de la próxima. Investigaremos qué es lo que reencarna, y cuál es el intervalo promedio de tiempo entre dos vidas de la misma alma inmortal, según la filosofía esotérica de H. P. Blavatsky.
 
Sin embargo, cabe examinar una cuestión previa: ¿cuál es la importancia práctica de comprender la ley de la reencarnación?
 
La respuesta está en la expansión de la consciencia.
 
Al estudiar el tema, aprendemos a pensar más allá de la vida actual y pasamos a aceptar más profundamente el hecho de que nuestro yo inferior y concreto es mortal. Al principio, eso puede ser inquietante, porque inconscientemente nos gusta suponer que somos eternos.
 
Después de la inquietación inicial, hay, por parte del estudiante, una gran expansión del sentimiento de confianza en la VIDA. El motivo de la nueva confianza es la comprensión de que el centro esencial de su ser vivirá ininterrumpidamente por decenas de milenios, hasta alcanzar la liberación y el nirvana. La comprensión del proceso de la muerte y de la reencarnación elimina la causa del miedo ante la vida, o ante la muerte.
 
A continuación, veremos un enfoque de la reencarnación con base en las enseñanzas auténticas de “Las Cartas de los Mahatmas” [1].
 
2. La Muerte del Cuerpo es Solo una Transición
 
El estudio de la reencarnación, hecho desde el punto de vista de la teosofía clásica, permite obtener una visión completa y de 360 grados del proceso de vida, muerte y renacimiento.
 
Uno de los momentos decisivos ocurre con la transferencia definitiva de la consciencia individual del mundo denso de la materia al mundo sutil astral. Este es el momento de la muerte física, que, en verdad, constituye un renacimiento más. La filosofía teosófica enseña que el ser humano no muere, si por el verbo “morir” entendemos un cese de la vida. Al contrario, el ser humano pasa por tres tipos de nacimiento, rompiendo tres “placentas” en un ciclo que se renueva siempre en espiral, hasta su autoliberación final de la rueda del karma.
 
Veamos cuáles son estos tres nacimientos:
 
A) Al romper la placenta que durante algunos meses le permitió vivir dentro del cuerpo de su madre, el alma inmortal nace a la vida física y adquiere un nuevo cuerpo. Durante los siete primeros años de vida, aprenderá gradualmente a asociarse al nuevo cuerpo y a dirigirlo en el “nuevo mundo”.
 
B) Setenta, noventa o cien años más tarde, se llega al otro extremo de la vida. Al liberarse del viejo y gastado cuerpo físico (ahora transformado en una segunda placenta), la misma alma humana nace al mundo más sutil de la vida astral.
 
C) Finalmente, al romper su cascarón astral, algún tiempo después de la muerte física, el alma inmortal pasa a prepararse para nacer en el Devachán, la “morada de los dioses”. Allí vivirá un descanso dichoso hasta el momento de prepararse para un nuevo nacimiento en el plano físico. Eso sucederá cuando la individualidad “se despierte” del Devachán, entre mil y cuatro mil años después de la muerte física, en promedio.
 
Está claro, gracias al estudio de la reencarnación tal como la enseñan los maestros de los Himalayas, que existe una relación directa entre el rumbo de la vida física y el rumbo de la vida después de la muerte. Y una de las lecciones prácticas de este estudio es que, dado que la vida posterior a la muerte es inmensamente más larga que la vida física, vale la pena hacer un esfuerzo concentrado por alcanzar la paz interior y la sabiduría. Así se establece una tendencia firme en la dirección correcta, que se desarrollará durante los miles de años siguientes. Para estar a la altura de este desafío y de esta oportunidad, el aprendiz debe escuchar a su corazón y actuar de acuerdo con la voz de su conciencia. Pero también es recomendable estudiar y reflexionar sobre el funcionamiento de las leyes ocultas del universo, incluida la ley del karma y de la reencarnación. El proceso de la reencarnación está relacionado con la ley más amplia de la manifestación periódica de la vida. Esta ley se aplica tanto a los seres humanos como a los animales, los vegetales, planetas y el propio universo. Su abordaje se lleva a cabo a través de la llamada Doctrina de los Ciclos.
 
Tal vez el instante más decisivo de todo el proceso humano sea el minuto final y el punto culminante de la vida física. Veremos a continuación un fragmento de una carta de un Mahatma que describe el momento en que el alma termina su experiencia terrestre y hace una recapitulación detallada de lo que ha vivido, antes de que comience el largo y complejo proceso que ocurre entre dos vidas físicas.
 
El Maestro describe el encadenamiento natural de causas y efectos que determinará no solo las condiciones de la existencia posterior a la muerte, sino también las condiciones, objetivas y subjetivas, del próximo nacimiento.
 
Puede percibirse fácilmente la fuerza de estas palabras finales del fragmento:
 
“Hablad en voz baja vosotros, los que os encontráis junto al lecho de un moribundo y os halláis en la solemne presencia de la Muerte. Especialmente debéis guardar silencio en el momento siguiente en que la muerte ha colocado su fría mano sobre el cuerpo. Hablad en susurros, os digo; de lo contrario, perturbáis las tranquilas ondas del pensamiento y obstaculizáis el afanoso trabajo del Pasado derramando su imagen sobre el Velo del Futuro”.
 
El fragmento reúne dos preguntas de la carta 23 A y sus respectivas respuestas (carta 23 B) en Las Cartas de los Mahatmas” (pp. 209, 210, 244 y 245):
 
Pregunta 16:
 
Usted dice: – “Recuerde que nosotros mismos creamos nuestro Devachán […] y, principalmente, durante los últimos días e incluso durante los últimos momentos de nuestras vidas sentientes”.
 
Respuesta 16:
 
Es una creencia ampliamente difundida entre todos los hindúes que la futura condición prenatal de una persona y el nacimiento, son moldeados por el último deseo que puede haber tenido en el momento de la muerte. Pero este último deseo, dicen ellos, depende, necesariamente, de la forma que la persona haya dado a sus deseos, pasiones, etc., durante su vida pasada. Es por esta misma razón, es decir, para que nuestros últimos deseos no sean desfavorables para nuestro progreso futuro, que debemos vigilar nuestras acciones y controlar nuestros deseos y pasiones a través de toda nuestra trayectoria terrestre.
 
Pregunta 17:
 
Pero, los pensamientos en los que pueda haber estado ocupada la mente en el último momento, ¿dependen necesariamente del carácter predominante de la vida pasada? De otra manera, ¿no parecería como si las características del Devachán […] de una persona pudieran estar determinadas, caprichosa e injustamente, por la oportunidad que haría que algunos pensamientos fueran más predominantes en el último momento?
 
Respuesta 17:
 
No puede ser de otra manera. La experiencia de hombres moribundos – al ahogarse o por otros accidentes – vueltos a la vida ha corroborado nuestra doctrina en casi todos los casos. Esos pensamientos son involuntarios y no tenemos más control sobre ellos del que tendríamos sobre la retina del ojo para impedirle que percibiera el color que más le afecta. En el último momento, toda la vida se refleja en nuestra memoria, y de todos los escondrijos y rincones olvidados emergen cuadro tras cuadro y un acontecimiento después de otro. El cerebro moribundo suelta la memoria con un fuerte impulso supremo, y la memoria reconstruye fielmente cada impresión que se le confió durante el período de actividad cerebral. Aquella impresión y aquel pensamiento que fueron los más fuertes, se convierten, naturalmente, en los más vividos y sobreviven, por así decirlo, a todo el resto que ahora se desvanece y desaparece para siempre, para reaparecer únicamente en el Devachán. Ningún hombre muere loco o inconsciente – contrariamente a lo que aseguran algunos fisiólogos. Incluso un loco, o alguien en un acceso de delirium tremens, tendrá un instante de perfecta lucidez en el momento de la muerte, aunque será incapaz de manifestarlo a los que están presentes. El hombre puede, a menudo, parecer como muerto. Sin embargo, desde su última pulsación, entre el último latido de su corazón y el momento en que la última chispa de calor animal abandona el cuerpo – el cerebro piensa y el Ego revive de nuevo en esos breves segundos su vida entera. Hablad en voz baja vosotros, los que os encontráis junto al lecho de un moribundo y os halláis en la solemne presencia de la Muerte. Especialmente debéis guardar silencio en el momento siguiente en que la muerte ha colocado su fría mano sobre el cuerpo. Hablad en susurros, os digo; de lo contrario, perturbáis las tranquilas ondas del pensamiento y obstaculizáis el afanoso trabajo del Pasado derramando su imagen sobre el Velo del Futuro.
 
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Hasta aquí las preguntas y respuestas 16 y 17 de la carta 93 A, de “Las Cartas de los Mahatmas”, sobre el momento del abandono final del cuerpo físico.
 
3. La Lucha Que Ocurre Después de la Muerte
 
Una vez terminada la vida del instrumento físico, puede decirse que está determinado el rumbo de todo el proceso hasta el próximo nacimiento. Pero eso no significa que no deba haber una lucha entre las diferentes partes e inclinaciones del material vivencial que debe ser procesado. La hoja de ruta está hecha; ahora hay que recorrer de verdad el camino.
 
En este punto, es necesario explicar algunas expresiones usadas por el Mahatma al abordar el tema.
 
Según la filosofía esotérica, el ser humano tiene siete principios o niveles de consciencia. El primero es el cuerpo físico, sthula-sharira. El segundo principio es la vitalidad, prana. El tercero es linga-sharira, formado por los arquetipos sutiles de la vitalidad, lo que incluye el patrimonio genético y otros registros kármicos.
 
El cuarto principio, Kama, es el de las emociones personales y sentimientos de orden animal (miedo, rabia, apego, rechazo, etc.). El quinto principio, Manas, es la mente. El sexto, Buddhi, es el principio de la inteligencia espiritual, de la compasión universal y de la intuición superior. El séptimo, Atma, es el principio supremo, el más universal, del cual poco se puede decir con palabras.
 
La “tríada inferior”, de la cual habla el maestro, corresponde a los principios uno, dos y tres, que dejan de funcionar en el momento de la muerte: son el físico, el vital, y la “estructura sutil de la vitalidad”. Sobran entonces, en la etapa inicial de la existencia después de la muerte, cuatro principios de consciencia, que el maestro denomina “cuaternario superviviente”.
 
De estos cuatro principios, dos aún son inferiores (Kama y Manas), y dos son espirituales (Buddhi y Atma). Son dos parejas, por tanto, y ellas empiezan una “lucha mortal” para ver quién predomina.
 
Cuando ocurre la victoria de la pareja espiritual, lo que puede tardar desde algunas semanas hasta varios años, la parte más noble de Manas, la mente, se asocia a Buddhi (sexto principio) y a Atma (séptimo principio). Este material dará lugar, más adelante, al “habitante del Devachán”, es decir, al yo espiritual que vivirá en las esferas benditas de uno a cuatro milenios de tiempo cronológico terrestre, pero sin tener ninguna noción del tiempo. El habitante del Devachán es el verdadero yo del individuo, y tendrá esta existencia de bienaventuranza como recompensa kármica por los aspectos espirituales de su vida terrestre. Esta recompensa, en verdad, no es solo un premio, sino también la preparación para un futuro renacimiento completamente renovado.
 
Separados de los principios superiores, los restos inferiores y desechos de la mente se asociarán al cuarto principio (instintos y sentimientos personales), y permanecerán algún tiempo como un “cascarón” semivivo en el astral hasta descomponerse. Este cascarón puede ser atraído hacia las sesiones mediúmnicas y espiritistas, y entonces es confundido con el individuo que un día vivió. Pero, en realidad, el alma de la persona ya se encuentra en niveles superiores, y lo que hay ahí es solo un precario cadáver astral. El Maestro usa irónicamente la expresión “guía angelical”, porque el espectáculo es lamentable. Revitalizar este cascarón es un error grave, y crea problemas muy serios para la próxima encarnación del yo superior. Pero eso no es todo. Los principios sutiles de los médiums también son gravemente perjudicados y alterados. Hay una violencia impresionante en el hecho de que el cuerpo de alguien sea ocupado por los principios inferiores de otro ser. Especialmente cuando estos “principios inferiores” son solo pedazos de un cadáver astral.
 
Veamos entonces, en negrita, la segunda mitad de la respuesta 5, en la carta 16 de “Las Cartas de los Mahatmas”:
 
“Todo ego, excepto aquel que atraído por su burdo magnetismo cae en la corriente que lo arrastrará al ‘Planeta de la Muerte’ (el satélite mental y físico a la vez de nuestra tierra), está capacitado para pasar a una condición ‘espiritual’ relativa, de acuerdo con sus previas circunstancias en la vida y su modo de pensar. Por lo que sé y recuerdo, H.P.B. ha explicado al señor Hume que el sexto principio del hombre, como algo puramente espiritual, no podría existir o tener existencia consciente en el Devachán, a menos que este principio no asimilara algunos de los atributos mentales más puros y abstractos del quinto principio o Alma animal, su manas (mente) y su memoria. Cuando el hombre muere, su segundo y tercer principio mueren con él; la triada inferior desaparece y los principios cuarto, quinto, sexto y séptimo forman el Cuaternario superviviente. (…) A partir de ahí se entabla una lucha ‘a muerte’ entre las dualidades Superior e Inferior. Si vence la superior, el sexto principio, habiéndose atraído la quintaesencia del Bien del quinto – sus más nobles afectos, sus más santas (aunque terrenales) aspiraciones, y las partes más Espiritualizadas de su mente – sigue a su divino mayor (el 7º) al estado de ‘Gestación’; y el quinto y el cuarto quedan asociados como cascarón vacío (la expresión es totalmente correcta) que vagará por la atmósfera terrestre con la mitad de la memoria personal desaparecida y con los instintos más brutales plenamente vivos durante algún tiempo – en una palabra, como un ‘Elementario’. Este es el ‘ángel guía’ del médium común. Si, por el contrario, es la Dualidad Superior la que queda vencida, entonces es el quinto principio el que asimila todo lo que pueda haber quedado en el sexto de recuerdos y percepciones personales de su individualidad personal. Pero, con todo este acopio adicional, no permanecerá en el Kama-Loka – ‘el mundo del Deseo’ o la atmósfera de nuestra Tierra. En muy poco tiempo, igual que una brizna flotando en la atracción de los vórtices y abismos del Maelström [2], es atrapado y lanzado en el gran remolino de Egos humanos; mientras que el sexto y el séptimo, ahora una MÓNADA individual puramente espiritual, sin que quede en ella nada de su última personalidad, al no tener que pasar por un período regular de ‘gestación’ (puesto que no existe ningún Ego personal purificado para renacer), después de un período más o menos largo de Reposo inconsciente en el Espacio infinito, – se encontrará renacida en otra personalidad (…). Cuando llega el período de ‘Plena Conciencia Individual’ – que precede al período de conciencia Absoluta en el Para-Nírvana – esta vida personal perdida no es más que una página arrancada del Gran Libro de las Vidas, sin que quede ni siquiera una sola palabra suelta que indique su desaparición. La mónada purificada ni la percibirá ni la recordará en la serie de sus nacimientos pasados – lo que hubiera podido hacer si esta vida hubiera ido al ‘Mundo de las Formas’ (rupa-loka) – y su mirada retrospectiva no percibirá ni siquiera el más leve signo de que esta vida haya existido. La Luz de Sammâ-Sambuddha
 
‘… esa luz que brilla más allá de nuestra mortal visión,
La luz de todas las vidas en todos los mundos’ –
 
no lanza ningún rayo sobre esa vida personal en la serie de vidas ya pasadas.
 
En honor de la humanidad, debo decir que semejante obliteración absoluta de una existencia en las tablillas del Ser Universal, no ocurre tan a menudo para que se tenga en cuenta. En realidad, igual que en el caso tan mencionado del ‘idiota congénito’, se trata de un lusus naturae – una excepción, no la regla”.
 
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Hasta aquí las palabras del Maestro.
 
A esta explicación cabe añadir:
 
* Un “elementario” es un cascarón o cadáver astral en el que predominan los impulsos inferiores, negativos y nocivos.
 
* El Devachán es un descanso en el sentido de “felicidad divina”. Es un sueño, pero, como sabemos, los sueños pueden ser más reales que la vigilia. La vigilia, a su vez, quizás no pase de ser un sueño. De modo que no se debe despreciar el Devachán solo porque es calificado como un estado “subjetivo” de consciencia. Él es más intenso (véase el punto 4 a continuación) y tal vez más “verdadero” que la vigilia.
 
4. Devachán: un Estado de Pura Felicidad
 
En las dos primeras preguntas de la carta 16, el periodista y discípulo laico Alfred Sinnett pregunta si la consciencia individual que “renace” en el Devachán es capaz de recordar su vida en la Tierra. Él también quiere saber qué relación existe entre el “Devachán” – el punto culminante de la trayectoria entre dos vidas físicas según la filosofía oriental – y la vieja idea del “paraíso” o “cielo” cristiano.
 
La respuesta es de uno de los Mahatmas que inspiran a los sectores auténticos del movimiento teosófico:
 
“Cierto que el nuevo Ego, una vez renacido, retiene durante cierto tiempo – un tiempo proporcional al de su vida en la Tierra – una ‘memoria completa de su vida en la misma’. (…) Pues el Ego no puede regresar a la Tierra desde el Devachán, y ni siquiera prescindiendo de todo ‘concepto antropomórfico de Dios’, el Devachán no tiene ningún parecido con el paraíso o con el cielo de ninguna religión; y es la fantasía literaria de H.P.B. la que le sugirió a ella tan sorprendente comparación”.
 
Este Ego “no puede regresar a la Tierra”, conforme afirma el Maestro, porque él todavía es el “yo espiritual” de la vida anterior. Quien volverá a la Tierra será solo la Mónada, o Atma-Buddhi. Ella emergerá de la etapa final y sin formas del Devachán (“Arupa-Devachán”), para provocar su propio renacimiento, sin recuerdos, en un nuevo cuerpo.
 
A continuación, en la tercera pregunta de la carta 16, Alfred Sinnett desea saber “quién va al Cielo, o Devachán”. Y Sinnett explica la pregunta: “¿Se alcanza esta condición sólo por parte de unos cuantos que son muy buenos, o de unos muchos que no son tan malos – después del lapso, en cada caso, de una incubación o gestación inconsciente más larga?”.
 
En el segundo párrafo de la respuesta, el maestro menciona que hay un cierto “egoísmo” en el Devachán. Esto debe ser explicado. El Devachán es un estado “egoísta” solo en un sentido técnico de la filosofía budista, ya que, en él, el individuo no tiene un sentimiento consciente de autosacrificio por todos los seres. Sin embargo, el habitante del Devachán no tiene nada de “egoísmo” en el sentido usual del término, que implica perjudicar a alguien. Él está en una esfera auténticamente espiritual y de bienaventuranza. Esta unido a la ley universal, y en este sentido es “altruista”, porque es “puro e inocente”.
 
El maestro responde:
 
“‘¿Quién va al Devachán?’ El Ego personal, desde luego, pero beatificado, purificado, santificado. Cada Ego – la combinación de los principios sexto y séptimo – que después de un período de gestación inconsciente renace en el Devachán, es necesariamente tan inocente y puro como un niño recién nacido. El hecho de su renacimiento ya demuestra la preponderancia del bien sobre el mal en su antigua personalidad. Y mientras que el Karma (del mal) se hace a un lado, por el momento, para seguirlo en su futura encarnación terrestre, el Ego sólo se lleva consigo a ese Devachán el Karma de sus buenas obras, palabras y pensamientos. La palabra ‘mal’ tiene para nosotros un significado relativo – como ya se le ha dicho más de una vez – y la Ley de Retribución es la única ley que nunca yerra. Por consiguiente, todos los que no se han hundido en el cieno del pecado irremediable y de la bestialidad, van al Devachán. Estos tendrán que pagar por sus pecados, voluntaria o involuntariamente, más tarde. Mientras tanto, son recompensados y reciben los efectos de las causas que produjeron”.
 
“Por supuesto que éste es un estado, por así decirlo, de intenso egoísmo, durante el cual el Ego recoge la recompensa de su altruismo en la tierra. Está completamente absorto en la dicha de todos sus afectos personales, sus preferencias y sus pensamientos terrenales, y recoge allí el fruto de sus acciones meritorias. Ningún dolor, ninguna pena, ni la sombra de una aflicción llegan a oscurecer el luminoso horizonte de su pura felicidad, porque es un estado de perpetuo ‘maya’. … Puesto que la percepción consciente de la propia personalidad en la tierra no es más que un sueño evanescente, ese sentimiento será igualmente el de un sueño en el Devachán – sólo que cien veces más intenso. Tanto es así, en verdad, que el feliz Ego es incapaz de ver, a través del velo, los males, las tristezas y las calamidades a que pueden estar sujetos aquellos a quienes amó en la tierra. En su dulce sueño, vive con sus seres queridos, tanto con los que se han ido antes que él como con los que todavía permanecen en la tierra; los tiene cerca de él, tan felices, tan alegres y tan inocentes como el mismo soñador desencarnado; y sin embargo, excepto en raras visiones, los habitantes de nuestro denso planeta no se percatan de ello. Es durante ese estado de Maya completo en que las almas o Egos astrales de los sensitivos puros y amorosos, actuando bajo la misma ilusión, creen que sus seres queridos bajan a la tierra junto a ellos, cuando son sus propios espíritus los que se elevan hacia aquellos en el Devachán. Muchas de las comunicaciones espiritistas subjetivas – la mayoría de ellas cuando los sensitivos son mentalmente puros – son reales; pero, para un médium no iniciado, lo más difícil es fijar en su mente las imágenes fieles y correctas de lo que ve y oye. Algunos de los fenómenos llamados de psicografía (aunque más raramente) también son reales. El espíritu del sensitivo, al quedar, por así decirlo, odilizado por el aura del Espíritu en el Devachán, se convierte, durante algunos minutos, en aquella personalidad desaparecida y de la cual reproduce su escritura, su mismo lenguaje y los mismos pensamientos que tuvo durante su período de vida. Los dos espíritus se combinan en uno, y el predominio de uno sobre el otro durante esos fenómenos determina el predominio de la personalidad en las características exhibidas en esas comunicaciones escritas o en las palabras pronunciadas en estado de trance. Lo que ustedes llaman ‘concordancia’ es simplemente una identidad de vibración molecular entre la parte astral del médium encarnado y la parte astral de la personalidad desencarnada. Acabo de descubrir un artículo sobre el olfato, escrito por un profesor inglés (que haré insertar en el Theosophist y le añadiré algunas palabras por mi cuenta) y encuentro en él algo que se aplica a nuestro caso. Así como en la música dos sonidos diferentes pueden formar un acorde y pueden ser perceptibles por separado, y esta armonía o esta disonancia depende de la sincronización de las vibraciones y de los períodos complementarios, así también existe una ‘concordancia’ entre el médium y la entidad que lo ‘controla’, cuando sus moléculas astrales vibran en consonancia. Y la cuestión de si la comunicación reflejará más la idiosincrasia personal de uno o de otro, depende de la intensidad relativa de las dos series de vibraciones en la onda compuesta del Akasa. Cuanto menos parecidos sean los impulsos vibratorios, más mediumnístico y menos espiritual será el mensaje. Así pues, mida el estado moral de su médium por el de la supuesta Inteligencia ‘controladora’ y sus comprobaciones de autenticidad no dejarán nada que desear”.
 
5. ¿Quién Tiene Derecho al Devachán?
 
En la cuestión número cinco de la carta 16, Alfred Sinnett pregunta al Maestro si las personas moralmente buenas, pero no espiritualizadas, tienen derecho y consiguen acceder al Devachán. En su respuesta, el Maestro menciona aquello que la tradición de los indios tupí-guaraní llama “Tierra Sin Males”, y que constituye un equivalente indígena del Devachán. El Maestro explica lo siguiente sobre el Devachán:
 
“Es una ‘condición espiritual’ sólo cuando se la compara con nuestra propia y tosca ‘condición material’ y, como ya se ha dicho – son esos grados de espiritualidad los que constituyen y determinan la gran ‘variedad’ de condiciones dentro de los límites del Devachán. Una madre perteneciente a una tribu salvaje no es menos feliz que una madre en un suntuoso palacio, cuando sostiene en sus brazos a su hijo perdido; y aunque como verdaderos Egos los niños prematuramente muertos antes del perfeccionamiento de su Entidad septenaria no encuentran su camino hacia el Devachán, sin embargo, a pesar de todo, la imaginación amorosa de la madre encuentra allí a sus hijos, sin ninguno desaparecido por el que su corazón suspire. Podrá decirse que esto es sólo un sueño, pero, después de todo, ¿qué es la misma vida objetiva sino un panorama de vívidas irrealidades? Los placeres conseguidos por un piel roja en sus ‘felices campos de caza’ en este País de Sueños, no son menos intensos que el éxtasis sentido por un connaisseur que pasa eones en un rapto de delicia, escuchando divinas Sinfonías ejecutadas por imaginarios coros y orquestas angélicas. Como no es culpa del piel roja haber nacido ‘salvaje’, con instinto de matar – aunque esto haya causado la muerte a muchos animales inocentes – y si, con todo y eso, fue padre, hijo y esposo amante ¿por qué no habría de disfrutar también de su parte de recompensa?”.
 
(Ver Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994, p. 146)
 
6. Un Largo Intervalo Entre Dos Vidas
 
El Devachán no es solamente un descanso espiritual merecido. Es también indispensable para que el alma inmortal pueda volver renovada, en buenas condiciones, a la intensa lucha que es la encarnación física.
 
El buen guerrero no debe ir mal equipado y exhausto a una batalla que será larga y dura: si lo hace, podrá perder la batalla en poco tiempo. Por eso el Devachán es indispensable para la evolución del alma espiritual: él prepara a la individualidad superior para la próxima “batalla” en la Tierra.
 
Es verdad que hay excepciones. Un discípulo avanzado de los Maestros de Sabiduría podrá “cancelar” su Devachán, reencarnando en apenas algunos años o décadas. Eso, sin embargo, solo es posible porque él conoce en vida, y experimenta diariamente, durante el estado de vigilia, algo de la sustancia esencial de la consciencia que hay en el Devachán. Así, en estos casos poco frecuentes, la situación y la duración de la existencia posterior a la muerte se altera. Los criterios de la ley de la reencarnación son universales. No se alteran. Pertenecen a la ley del karma y no están sujetos a ninguna acción casuística o clientelista en favor o en contra de este o aquel individuo. Es el individuo el que debe alcanzar la sabiduría, y vivir estados equivalentes al Devachán durante la vida, si quiere acortar el proceso posterior a la muerte para servir a la humanidad.
 
Los procesos cósmicos (densos y sutiles) son definidos por inteligencias y jerarquías implícitas, intuitivas y espontáneas, que expresan de modo práctico la pura ley universal y eterna del equilibrio. Tales inteligencias no necesitan tomar decisiones al estilo de nuestro hemisferio cerebral izquierdo, de manera calculada, dualista y raciocinada. Todo fluye. Aunque los Maestros que aún mantienen cuerpos físicos cumplan en la jerarquía planetaria las funciones equivalentes a un “hemisferio cerebral izquierdo”, ellos no trabajan con ningún tipo de “casuismo” y usan con gran rigor y parsimonia la energía de los Nirmanakayas que es puesta a su disposición. Ellos tienen fuertes motivos para eso.
 
Así, en el caso de cada individuo, el intervalo de tiempo entre dos vidas dependerá de la calidad y cantidad del material que debe ser procesado, o revivenciado, en las esferas subjetivas de la existencia posterior a la muerte. Su intervalo de vida subjetiva solo podrá cambiar en la medida en que haya sido alterada, antes, la calidad de vida en la encarnación objetiva anterior.
 
Vamos ahora a documentar el intervalo promedio entre dos vidas, según la literatura teosófica auténtica. En la pregunta 26 de la carta 23 A de “Las Cartas de los Mahatmas”, Alfred Sinnett menciona los casos infelices en los que el material espiritual de la existencia posterior a la muerte no llega a ser suficiente para que la individualidad “nazca” en el Devachán.
 
Sinnett pregunta cuándo, en estos casos, la mónada (el alma inmortal) podrá volver al plano físico para una nueva encarnación. En la respuesta, el Maestro afirma: “… ciertamente, no antes de que transcurran uno o dos mil años”. La frase completa dice: “Significa sólo que la mónada, al no tener cuerpo Kármico que guíe su renacimiento, cae en el no-ser durante algún tiempo y luego reencarna, aunque ciertamente, no antes de que transcurran uno o dos mil años”. (Las Cartas de los Mahatmas”, p. 253, respuesta única a las preguntas 25 y 26)
 
En otro fragmento, hablando sobre los casos normales, en los que hay Devachán, el Maestro esclarece: “No cabe duda de que el ‘verdadero Ego es inmanente a los principios superiores que reencarnan’ periódicamente cada mil, dos mil, tres mil años o más”. (Las Cartas de los Mahatmas”, carta 24 B, p. 263)
 
En la carta 18, el Maestro explica una vez más que “los intervalos entre nacimiento y nacimiento son inconmensurablemente (…) largos” (pp. 169 y 170).
 
El comienzo de la respuesta número nueve de la carta 16 lo deja también muy claro: el intervalo entre dos vidas es normalmente no solo de años y décadas, sino de “siglos y milenios, a menudo multiplicados por algo más”. Y el Maestro añade: “… para el hombre la duración de la existencia encarnada es breve en comparación con los períodos de existencia inter-natal” (p. 151).
 
H. P. Blavatsky también escribió sobre la duración de los intervalos. En el artículo titulado “Teosofía y Espiritismo”, ella deja claro que el período entre dos vidas es de milenios y no de siglos. [3] En otro texto, H.P.B. menciona que, con algunas excepciones, el intervalo es de “cerca de 3000 años, a veces más, a veces menos”. [4] Queda bien clara, así, la dimensión del intervalo de tiempo entre las encarnaciones según la teosofía clásica.
 
Cuando, finalmente, la mónada está lista para renacer, adquiere un impulso por aprender más. En el camino de la vida física, ella se reencontrará con sus antiguos skandhas o registros kármicos, que la estaban esperando para guiarla en un nuevo ciclo de siembra y cosecha.
 
7. Por Qué la Teosofía Se Opone a la Mediumnidad
 
Dice un Maestro de Sabiduría, en “Las Cartas de los Mahatmas”:
 
“La regla es que una persona que muere de muerte natural permanecerá en la esfera de atracción de la Tierra, es decir, en el Kama-Loka, ‘desde unas cuantas horas a unos pocos años’. Pero hay excepciones en el caso de los suicidas y, en general, en el caso de aquellos que mueren de muerte violenta. (…) ¡Dichosas, tres veces dichosas en comparación, son aquellas entidades desencarnadas que duermen su largo sueño y viven soñando en el seno del Espacio! Y ¡ay! de aquellos a quienes Trishna [5] atrae hacia los médiums, y ¡ay! de los médiums que los tientan (…). Porque al atraerlos y al permitirles satisfacer sus ansias de vida, el médium ayuda a que se desarrolle en ellos – y de hecho es la causa de ello – una nueva serie de Skandhas, un nuevo cuerpo con tendencias y pasiones mucho peores que las del cuerpo que perdieron. (…) Si, tal como he dicho, los médiums y los espiritistas supieran tan sólo que a cada nuevo ‘ángel-guía’ al que dan la bienvenida con entusiasmo le arrastran hacia un Upadana [6] que será motivo de una serie de males incontables para el nuevo Ego (…) tal vez estos médiums serían menos pródigos en su hospitalidad”.
 
“Y ahora puede usted comprender por qué nos oponemos tan enérgicamente al Espiritismo y a la mediumnidad”. (Las Cartas de los Mahatmas”, carta 16, pp. 160 y 161)
 
NOTAS:
 
[1] Las Cartas de los Mahatmas”, Editorial Teosófica, Barcelona, España, 1994.
 
[2] Maelström: remolino famoso, en la costa de Noruega. (Nota de la edición brasileña de las Cartas de los Mahatmas)
 
[3] “Theosophy and Spiritism”, en “The Collected Writings” de H.P. Blavatsky, Theosophical Publishing House, Adyar, India, volumen V, página 45.
 
[4] “Transmigration of Life Atoms”, texto publicado en “Theosophical Articles”, H.P. Blavatsky, Theosophy Co., Los Ángeles, 1981, volumen II, p. 249. El mismo texto está en el volumen V de “Collected Writings”, TPH.
 
[5] Trishna: sed de vivir, en sánscrito.
 
[6] Upadana: el proceso de adquirir órganos sensoriales.
 
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El artículo “La Teosofía y la Reencarnación” es una traducción del portugués y el trabajo ha sido hecho por el teósofo español Alex Rambla Beltrán. Texto original: “A Teosofia e a Reencarnação”. El texto está disponible en los sitios web de la Logia Independiente de Teósofos desde 02 de junio de 2026. Forma parte también de la edición de marzo de 2022 de “El Teósofo Acuariano”.
 
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Blavatsky
 
Helena Blavatsky (foto) escribió estas palabras: “Antes de desear, trata de merecer”. 
 
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