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La Fuerza de un Compromiso Sagrado

Lo Que Ocurre de Práctico Cuando se Toma
Una Decisión Firme de Avanzar por el Camino
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
Un paisaje de los Himalayas, en cuadro del pintor ruso Nicholas Roerich
 
 
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El texto a seguir resulta de una investigación
sobre tema que merece ser estudiado la vida toda. 
Fue publicado por primera vez en la revista de la
Sociedad Teosófica de Adyar en Brasil, “Theosophia”,
en la edición de octubre / diciembre de 1997, pp.
43-55. Fue traducido al español  por Paulina Palmeri
y publicado en la revista “Teosofía en Argentina” en
mayo-junio de 1998, pp. 12 a 21. La presente versión
fue revisada y actualizada por el autor en julio de 2012.
 
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No hay siquiera la posibilidad de una relación humana estable sin que exista un compromiso ético, muchas veces implícito o tácito, o tan evidente que no necesita ser verbalizado, como el que une padres e hijos.
 
En todos los casos, las dos partes de una relación humana estable tienen comportamientos mutuamente previsibles y aceptables, y hay un acuerdo no verbal de no agresión y simpatía mutua. Son los compromisos éticos los que mantienen de pie las relaciones entre marido y mujer, las amistades, las relaciones entre hermanos y demás miembros de una misma familia, y también las relaciones comerciales y económicas.
 
Cuando firmamos un cheque, estamos empeñando nuestra palabra de honor de que hay dinero en nuestra cuenta bancaria, para que sea pagado. De modo semejante, antiguamente, casas y tierras eran compradas a pagar en cuotas con base únicamente en la palabra de honor del comprador. A pesar de toda la sofisticación de la sociedad moderna, todavía es la credibilidad la que domina las relaciones económicas, políticas y sociales. Y para que haya credibilidad a largo plazo es preciso honrar la palabra dada en cada momento, porque la mentira tiene piernas cortas y el marketing, como la propaganda, tiene alcance limitado.
 
Son los compromisos éticos (implícitos o no) los que sustentan cualquier sociedad. Las crisis sociales son resultado de la falta de confianza recíproca entre los ciudadanos. La historia humana muestra que desde los tiempos más remotos los hombres hicieron promesas, juramentos y votos asumiendo compromisos no sólo entre sí, sino también delante de los dioses, de los reinos divinos y de la propia divinidad que vive dentro de cada uno. Esto ha sido un factor central en nuestra evolución.
 
El Antiguo Testamento es la historia de la alianza entre y el hombre y una divinidad. En el relato simbólico de la caída del paraíso, Adán rompe los compromisos asumidos delante del Señor, es expulsado del paraíso, pierde el estado de unidad primordial con la Naturaleza, y desenvuelve la mente concreta que oscila y que precisa decidir entre el bien y el mal.
 
Desde entonces, luego de cada período de decadencia, distintos  instructores divinos restablecen la red de compromisos éticos entre los individuos, por un lado; entre el pueblo y la divinidad, por otro; y finalmente entre cada individuo y la ley universal, personificada como “Dios”. Y así el tejido de afinidades y armonías que mantiene la sociedad en pie va evolucionando y asumiendo formas constantemente renovadas.
 
A lo largo de todo el proceso humano, el compromiso con el mundo divino  está presente como algo de importancia fundamental para el hombre. La teosofía, como el budismo y el taoísmo, no trabaja con la idea de un dios monoteísta. Al leer a la Biblia, el estudiante de filosofia esotérica entiende la palabra “Dios” como “Ley Universal”. Pero el término “Dios” también puede significar el yo superior, Atma, o alma espiritual de cada individuo. En Deuteronomio, 23: 21-22.23, Moisés establece:
 
“Cuando haces un voto a tu Dios [tu alma espiritual], no tardes en pagarlo, porque ciertamente lo demandará tu Dios de ti, y no hacerlo sería pecado. Si te abstienes de hacer un voto no habrá pecado en ti. Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a tu Dios [tu alma espiritual], pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca”.
 
Esta misma idea está en otras partes de la Biblia.  Eclesiastés, 5: 1, dice:
 
“Que tu boca no se precipite y tu corazón no se apresure a decir una palabra delante de Dios, porque Dios está en el cielo [es decir, el mundo de la conciencia espiritual], y tú sobre la tierra [el mundo de la consciencia material]; por lo tanto, que tus palabras sean poco numerosas”.
 
Y una sentencia más adelante:
 
“Si haces una promesa a Dios, no tardes a cumplirla porque a Dios no le gustan los insensatos. Cumple lo que prometiste. Mejor no hacer una promesa, que hacerla y no cumplirla”.
 
El concepto de Dios es confuso y genera una ausencia de auto-responsabilidad. Un voto religioso es, sobre todo, un compromiso asumido con nuestra propia conciencia. Puede ser un voto de intentar poner en práctica en nuestras vidas diarias lo que aprendemos por el estudio de la literatura teosófica. O la decisión de intentar ser verdadero y amable en todas las situaciones y delante de todos. Este compromiso interior puede aparecer de muchas formas diferentes. Puede ser parte o no de una ceremonia. Pero en todos los casos es una decisión seria, porque envuelve el conjunto de nuestro ser, y no solamente su parte consciente.
 
No es secreto que, en los antiguos misterios, como en la tradición masónica los votos y juramentos de secreto y fidelidad siempre fueron condición esencial para que las personas pudiesen tener acceso a las enseñanzas. Se evita, así, para emplear la expresión usada por Jesús en el Nuevo Testamento, que “las perlas sean dadas a los puercos”.
 
El libro “Helena Blavatsky, La Vida y la Influencia Extraordinaria de la  Fundadora del Movimiento Teosófico Moderno”, de Sylvia Cranston, reproduce en facsimil la promesa de secreto firmada por el científico Thomas Alva Edison, al ingresar al movimiento teosófico original, en 1878. Dice el compromiso, que se firmaba en la época por todos los teósofos:
 
“Al aceptar mi afiliación a la Sociedad Teosófica, prometo mantener siempre SECRETO ABSOLUTO con relación a sus procedimientos, inclusive sobre sus investigaciones y experiencias, excepto cuando su publicación fuere autorizada por la Sociedad o por su Consejo, y EMPEÑO MI PALABRA DE HONOR al afirmar que mantendré estricta obediencia a este compromiso”.[1]
 
En los primeros años después de su creación, el movimiento teosófico  tenía varios procedimientos típicos de la tradición de los misterios.
 
El mantener el secreto sobre algunos aspectos de la tradición esotérica es correcto  porque, en el proceso de crecimiento interno del estudiante, hay un momento adecuado para un acceso a ciertos niveles de información. La verdad eterna u oculta no está en las palabras - secretas o no -, ni puede ser alcanzada por el mero conocimiento de informaciones. La comprensión es interior. El estudiante no puede “obtener” la verdad como el que obtiene un objeto material. Necesita transformarse gradualmente en la verdad que busca. A través de un comportamiento ético, de una vida limpia y una  conducta correcta, él debe construirse a sí mismo con la substancia de la verdad que quiere alcanzar.
 
Para ser auténticos, los juramentos y compromisos espirituales (formales o no) deben tener un elemento de espontaneidad, naciendo de una libre decisión personal, como destaca la parte citada del Deuteronomio, 23: “...pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca...”. Ninguna decisión importante en la vida debe ser tomada irresponsablemente. Nadie puede obligarnos a contraer matrimonio contra nuestra voluntad, o a seguir una religión con la que no concordamos. Un paso precipitado, una decisión prematura o un compromiso para el cual el estudiante no está preparado pueden tener consecuencias bastante negativas.
 
En el libro “Pythagoras, His Life and Teachings”, publicado en 1687, el filósofo Thomas Stanley relata que el sabio griego aconsejaba a sus discípulos que tuviesen mucho cuidado antes de asumir un compromiso o hacer un juramento; pero que, después de hacerlo, fuesen firmes y cuidadosos en su cumplimiento.[2]
 
En sus Comentarios a los Versos de Oro de los Pitagóricos, Hierocles, el sabio del siglo V, d.C., escribe:
 
“Al disipar la ambigüedad e inseguridad de los propósitos de los hombres, el juramento o compromiso solemne los hace claros y firmes, los hace estables. Hace que los propósitos continúen siendo los mismos, en palabras como en actos”.
 
Así, el voto religioso da un foco más definido y mayor poder de concentración a los esfuerzos de quien busca la verdad.
 
Para Hierocles, “el respeto debido a un juramento es el más inviolable de nuestros compromisos; y esta observancia es la virtud que da firme estabilidad y la verdad del Hábito Divino a aquellos que mantienen sus palabras dadas, gracias a una necesidad enteramente libre y enteramente voluntaria”.
 
Por otro lado, el hombre tomado por la codicia no puede ser leal ni siquiera en sus relaciones económicas, cuando paga o recibe dinero. “El hombre que no tiene moderación, y el cobarde, ¿será que él puede cumplir con sus compromisos religiosos?” - pregunta Hierocles. “¿Será que él no irá, siempre que esto le traiga ventajas, a dejar de lado todo respeto por el juramento hecho, renunciando  a la felicidad eterna a cambio de bienes mundanos y frágiles? Sólo aquel que nunca se aparta del camino de la virtud es capaz de mantener el respeto que el carácter solemne de un juramento requiere”.
 
Debemos asumir pocos compromisos, y cumplirlos hasta el fin.
 
“No hacer juramentos con demasiada frecuencia es el mejor camino para mantener siempre lo que juramos”, dice Hierocles. [3]
 
Para un estudiante de Teosofía, la postura de los pitagóricos respecto al tema es especialmente importante. Hay una profunda armonía entre el pitagorismo y la teosofía moderna. En una carta escrita en 1882, un maestro de los Himalayas advierte a los teósofos:
 
“Como un espectador profundamente interesado, apenas puedo discernir alguna cosa de la verdad oculta en los corazones de todos ustedes. ¿Son todos ustedes sinceros en sus promesas? Tomen recaudo, para que promesas hechas impetuosamente no sean quebradas volviéndose contra ustedes y tornándose sus mayores castigos. Sean verdaderos, sinceros y leales. Trabajen por la causa y nuestras bendiciones estarán siempre con ustedes. Duden y olviden sus promesas sagradas y en la oscuridad de la culpa y de la tristeza, ustedes se arrepentirán”. [4]
 
Al final de 1883, un discípulo de lo Maestros estaba a un paso de la traición cuando recibió una carta. En ella, el instructor hizo una reflexión profunda sobre la relación kármica entre la personalidad y el Yo superior, como resultado de los compromisos asumidos en el plano espiritual:
 
“¿De modo que usted verdaderamente imaginaba al obtener el permiso de llamarse mi chela (discípulo), que los sombríos registros  de sus faltas pasadas han sido ocultados a mi observación, o que, conociéndolas, yo las perdonaba?” pregunta el Maestro,  y prosigue:
 
“¡Tontería!... ¡Triple tontería! Para ayudar a usted a escapar de su Yo más vil, para despertar en usted aspiraciones más dignas, para permitir a su ‘alma’ ofendida que se hiciera oír, para incitar usted a reparar en cierta medida...  he ahí únicamente el por qué, y a pedido suyo, le fue permitido llegar a ser mi chela”.
 
El único juez de alguien es Atma, el yo superior e inmortal de cada uno, y el Maestro dijo:
 
-“Recuerde … que usted está en presencia de su Atma; él es su juez; y que ni sonrisas, ni mentiras o sofismas pueden engañarlo. (...) Inútil es hacerle (al Atma) como a mí, promesas insinceras o medias confesiones. Aunque... usted derramara océanos de lágrimas y rodara en el polvo, la balanza de la justicia no se desplazaría por eso ni el espesor de un pelo. Si quiere volver a ganar el terreno perdido, haga dos cosas: repare sus equivocaciones de la manera más sincera, más amplia, más completa... y consagre sus energías al bien de la humanidad. Haga un esfuerzo por llenar la medida de cada día con pensamientos puros, palabras sabias, y actos caritativos. (...) Pero, más bien que ir predicando con un corazón y un género de vida que desmientan su profesión, conjure al rayo que le de la muerte, porque cada palabra se volverá en contra suyo como un acusador, en el porvenir”. [5]
 
Compromisos y juramentos no son exclusividad de la tradición esotérica, y no están atados a ningún dogma o ritual particular. Aunque están presentes en cada una de las religiones, los compromisos son, interiormente, independientes de todas ellas. El principal santuario en que un compromiso espiritual es asumido- siempre por una decisión libre - es el propio corazón de quien busca la verdad.
 
Al hacer un juramento, el individuo, de cierta manera, toma al mundo divino como testigo de sus intenciones. Ningún voto espiritual debería ser visto como algo que es superficial o hace parte de un ritual mecánico que se cumple para mantener una costumbre. La seriedad de las decisiones formales de la vida espiritual es tan grande que, en el Nuevo Testamento, Jesús toma una posición rigurosa:
 
“Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: ‘no perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos’. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque no puedes hacer blanco o negro un sólo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto del mal procede”. (Mateo, 5:33)
 
Esta era, también, la posición de los esenios, según H.P.Blavatsky revela en “Isis Sin Velo”:
 
“Los esenios nunca hacían juramentos con respecto a nada, pero sus ‘sí’ y sus ‘no’ tenían el mismo valor que un juramento”. [6]
 
Esta posición parece significar que el compromiso con la verdad es, fundamentalmente, silencioso. “Osar, querer, actuar y callar, este es nuestro lema y el de todo verdadero cabalista y ocultista”, escribe un Maestro de la Sabiduría. [7]
 
Al ingresar a la escuela esotérica de Krotona, en la  Grecia del siglo VI antes de Cristo, los pitagóricos debían permanecer en silencio durante varios años. El voto de buscar la verdad interior no puede ser expuesto indebidamente.
 
En otro pasaje de la  Biblia, vemos a Jesús denunciando la hipocresía de un modo que parece admitir abiertamente la validez de ciertos votos religiosos.
 
Dice él en Mateos, 23: 16, 17,22:
 
“¡Ay de vosotros guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada (no lo obliga); pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor (su juramento lo obliga). ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? Aquel que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él”.
 
Los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos a partir de 1947, muestran una comunidad, semejante en muchos puntos a la de los esenios, cuyos miembros adoptaban, libremente, un juramento. Tenían mucho en común también con las comunidades pitagóricas. Preferían morir a descubrir sus compromisos sagrados. Y cada nuevo miembro debía ingresar en la ALIANZA “EN LA PRESENCIA DE TODOS LOS QUE SE COMPROMETIERON LIBREMENTE ANTES”. [8]
 
Esta costumbre de iniciación estuvo viva en los primeros tiempos del Cristianismo. San Pablo escribe en la primera epístola a Timoteo:
 
-“Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, para la cual fuiste llamado, como reconociste en una bella profesión de fe, hecha delante de muchos testigos...”
 
Los votos y juramentos hechos durante la búsqueda espiritual traducen, por un lado, una situación en que la personalidad asume un compromiso básico de obediencia al yo superior. Para esto el yo inferior o emocional debe haber desenvuelto previamente devoción y amor por la verdad espiritual hasta el punto de querer colocarse, de cierta manera, a sus pies.
 
El voto que se pronuncia en una cierta ceremonia o el que se hace secretamente en el propio corazón es apenas una formalización de esta actitud, pero también amplía sus dimensiones y sus efectos, haciendo que se desdoble en una actitud práctica delante de la vida diaria. El voto de lealtad de la personalidad para con el yo superior tiene consecuencias sobre toda la individualidad.
 
Hay, por otro lado, votos que son hechos y compromisos que son asumidos en niveles más elevados de conciencia. El yo superior también asume compromisos. Los Adeptos y Maestros de Sabiduría, a través de sus propios votos, unificaron totalmente sus voluntades individuales con la voluntad de la ley universal.  Ellos mantienen plena consciencia de los compromisos hechos en épocas pasadas.   En un esfuerzo para hacerse entender, un Maestro escribió al Sr. A. P. Sinnett, en 1881, en el inicio de la correspondencia entre MAHATMAS y miembros del movimiento teosófico:
 
“Mis votos de Arhat están pronunciados, y yo ni puedo buscar venganza ni ayudar a otros a conseguirla”. [9]
 
En el comienzo del movimiento teosófico, cuando el contacto con los Maestros se daba, en algunos casos, de modo visible, fue surgiendo, al tiempo, la necesidad de la creación de una Sección Esotérica, en la que los aspirantes al discipulado asumieran un compromiso interior formal de aplicar en sus vidas la enseñanza teosófica y la ley de la Fraternidad  Universal. En septiembre de 1889 Helena Blavatsky publicó en la revista LUCIFER (palabra que significa ‘el portador de la luz’)  un artículo titulado EL SIGNIFICADO DE UN COMPROMISO, firmado por Archibald Keightley.
 
“Fue considerado aconsejable - dice Keightley en el texto - que los miembros de una cierta logia oculta de la  ST conozcan de manera tan clara como sea posible el significado de un Compromiso que ellos deben asumir”.
 
A continuación, el artículo, publicado nuevamente en 1987 como parte del volumen XII de COLLECTED WRITINGS de H. P. Blavatsky, reprodujo el texto completo del compromiso solemne asumido en esa época:
 
“1) Me comprometo a esforzarme para hacer de la  Teosofía un poder activo en mi vida.
 
2) Me comprometo a dar mi apoyo, delante del mundo, al movimiento Teosófico, a sus líderes y a sus miembros.
 
3) Me comprometo a no oír sin protestar ninguna maldad dicha sobre un Hermano Teósofo y a abstenerme de condenar a otros.
 
4) Me comprometo a mantener una lucha constante contra mi naturaleza inferior, y a ser bondadoso con las debilidades de los otros.
 
5) Me comprometo a hacer todo lo que estuviera a mi alcance, a través del estudio y de otras maneras, para prepararme de modo que pueda ayudar a enseñar a los otros.
 
6) Me comprometo a dar todo el apoyo posible al movimiento, en tiempo, dinero y trabajo.
 
Así, ayúdame, mi Yo Superior”. [10]
 
Este compromiso pertenece a un determinado momento de la historia del movimiento teosófico.  
 
Según Archibald Keightley, el hombre que asumiese un compromiso de este tipo con la actitud correcta sentiría un intenso deseo de colocarse BAJO LA PROTECCIÓN DE LA DECISIÓN TOMADA, y así estaría siendo protegido por las fuerzas activas y benéficas de su yo superior, ATMA. Pero si quebrase el compromiso, estaría atrayendo fuerzas destructivas y dando poder a ellas.
 
Lo mismo puede ser dicho de las otras situaciones en que un ser humano empeña su palabra. La credibilidad más importante es aquella que tenemos delante de nosotros mismos. Nuestra propia conciencia es el mejor tribunal de nuestros actos.
 
La poderosa AYUDA del compromiso espiritual asumido conscientemente es buscada y recibida en todo el mundo y por todas partes. En el Budismo son conocidos los tres refugios, que también constituyen un mantra tradicional:
 
“Yo me refugio en Buda, yo me refugio en la  Ley, yo me refugio en la  Sangha (la comunidad de los seguidores de Buda)”.
 
En los cinco preceptos universales del Budismo, Pancha Sila, el aprendiz recita compromisos personales más detallados:
 
“Yo observo el precepto de abstenerme de quitar la vida de los seres; de abstenerme de tomar lo que no es mío; de abstenerme de toda relación sexual ilícita; de abstenerme de mentir; de abstenerme del uso de bebidas y drogas que alteran la conciencia”.
 
La reafirmación regular de estos compromisos es transformada en mantra. La vibración mental y emocional de los votos hechos por millares de personas, desde hace muchos siglos, parece proteger a cada practicante.
 
En el Hinduismo, vale la pena mencionar, por su fuerza y por su belleza, un pasaje del AITAREYA UPANISHAD. El término “Brahman” significa el principio supremo, universal e impersonal. Dice Aitareya Upanishad:
 
“Que mi palabra esté en unidad con mi mente, y que mi mente esté en unidad con mi palabra. Oh Tú, auto-iluminado Brahman, aparta el velo de la ignorancia que está delante de mí para que pueda contemplar Tu Luz. Revela a mí el espíritu de las escrituras. Que la verdad de las escrituras pueda estar siempre delante de mí. Quiero buscar, día y noche, la comprensión de la enseñanza. Que yo pueda hablar la verdad de Brahman. Que pueda hablar la verdad. Que la verdad me proteja. Que ella proteja a mi maestro.  OM, paz, paz, paz.” [11]
 
El Zoroastrismo, religión fundada en la  Persia antigua, es marcado por la visión de la lucha entre el bien y el mal, y por la necesidad de discernimiento entre verdadero y falso. Esta característica se refleja en los votos reafirmados diariamente por sus seguidores, con versos llenos de significado:
 
“Estoy de acuerdo con buenos pensamientos,
Y no estoy de acuerdo con malos pensamientos.
Estoy de acuerdo con buenas acciones
Y no estoy de acuerdo con malas acciones.
Estoy de acuerdo con la obediencia (a los preceptos éticos y morales),
Y no estoy de acuerdo con la desobediencia (a los preceptos).
Estoy de acuerdo con personas correctas,
Y no estoy de acuerdo con personas indignas o sin ética”. [12]
 
Para cerrar esta reflexión sobre el poder de los compromisos que asumimos delante de nuestra propia conciencia superior, cabe recordar una bien conocida oración de San Francisco de Asís.
 
Si ella fuese asumida como un compromiso personal por una cantidad significativa de los ciudadanos del mundo de hoy, la civilización podría ser poderosamente renovada atrayéndose una fuerte corriente de bendiciones sobre nuestra sociedad.
 
La oración sólo puede ser entendida filosóficamente si llevamos en cuenta que la palabra “Señor” es una personificación simbólica, metafórica, del yo superior, de la mónada, o alma espiritual del estudante de la sabiduría eterna. En teosofia, como en la esencia de todas las religiones, no se piden favores. El caminante “hace el camino al andar”, y es enteramente responsable por lo que ocurre.
 
Así, el místico se pone al servicio de su yo superior, su Atma, su Maestro interno, y le dice en lenguaje poético:
 
“Señor, hazme instrumento de Tu Paz.
Donde haya odio, siembre yo amor;
Donde haya injuria, perdón;
Donde haya duda, fe;
Donde haya desaliento, esperanza;
Donde haya sombra, luz;
Donde haya tristeza, alegría;
Donde haya discordia, armonía;
Donde haya error, verdad.
¡Oh Divino Maestro!
Concédeme que no busque tanto ser consolado, como consolar;
Ser comprendido, como comprender;
Ser amado, como amar;
Porque dando es como recibimos;
Perdonando, como somos perdonados;
y sólo haciendo Tu Voluntad es como merecemos la Vida Eterna.
Que haya Paz en la tierra y que empiece por mí.”
 
Desde el punto de vista popular y exotérico, ésta es una bella canción y un poema de fuerza inmortal.
 
Para un estudiante de la sabiduría divina, se trata de un compromiso y una meta a ser buscada sin prisa y sin pausa, vida tras vida.
 
Las palabras de un compromiso pueden cambiar de acuerdo con nuestra edad, nuestro temperamento y nuestro condicionamiento cultural; pero una vez tomada la decisión de buscar la sabiduría, no hay más descanso posible, hasta que la meta sea alcanzada.
 
 
NOTAS:
 
[1] “Helena Blavatsky, a Vida e a Influência Extraordinária da Fundadora do Movimento Teosófico Moderno”, de Sylvia Cranston, Editora Teosófica, Brasília, Brasil, 678 pp., p. 208.
 
[2] “Pythagoras, His Life and Teachings”, a photographic fac-simile of the ninth edition of the 1687 edition of ‘The History of Philosophy’, by Thomas Stanley, foreword by Manly P. Hall, the Philosophical Research Society, Los Angeles, California, USA. Vea la p. 546.
 
[3] “Commentaries of Hierocles on the Golden Verses of Pythagoras”,Theosophical Publishing House,Londres, 1971, 132 pp., ver pp. 11-13.  
 
[4] “Cartas dos Mestres de Sabedoria”, Editora Teosófica, Brasília, ver Carta 64, segunda serie, p. 240.
 
[5] “Cartas de los Maestros de la Sabiduría, por C. Jinarajadasa, Carta 24, primera serie, Editorial AUM, Buenos Aires.
 
[6] “Isis Unveiled”, H. P. Blavatsky, Theosophy Company, Los Angeles, USA, Volumen II, ver pp. 373 y 374.
 
[7] “Cartas dos Mestres de Sabedoria”, Editora Teosófica, Carta 65, segunda serie, p. 241.
 
[8] “Os Manuscritos do Mar Morto”, G. Vermes, Ed. Mercuryo, São Paulo, Brasil, 1992, 326 pp., ver p. 79.
 
[9] “Cartas dos Mahatmas”, Ed. Teosófica, Brasília, edición en dos volúmenes, ver Carta 34, vol. I, p. 175.
 
[10] “Collected Writings of H.P. Blavatsky”, vol. XII, Theosophical Publishing House, Wheaton, EUA, 1980, p. 506 e siguientes.  
 
[11] “The Upanishads”, translated from the Sanskrit by Swami Prabhavananda and Frederick Manchester, Penguin Books Ltd. USA, 128 pp., ver p. 61.
 
[12] “Mazda-Yasni and Zoroastrian Tales”, Kuku S. Shabbir, Aruna Publishers, Bombay/Mumbai, Índia, 1993, 102 pp. Ver Prefácio.
 
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La version central de “La Fuerza de un Compromiso Sagrado” está en lengua portuguesa y puede ser encontrada en la “Lista de Textos por Ordem Alfabética” en www.FilosofiaEsoterica.com, bajo el título “A Força de Um Compromisso Sagrado”.
 
 
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La Fuerza de un Compromiso Sagrado




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