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Confianza en los Maestros

Un Factor Decisivo en el Sendero Teosófico
 
 
John Garrigues
 
 
 
J. Garrigues (1868 – 1944)
 
 
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Nota  Editorial de 2012:
 
Este artículo fue publicado originalmente en
la revista “Theosophy”, Los Angeles, en enero
de 1925, pp. 102-106. Más tarde fue publicado
en la misma revista en Octubre de 1949, y en la
revista electrónica “The Aquarian Theosophist”,
en la edición especial de febrero 2006, pp. 13-16.
Título original (de 1925): “Confidence in Masters”.
Esa es la primera vez que el nombre del autor es
revelado. Un análisis del contenido y del estilo,
y la fecha de su primer publicación, indican que
el texto ha sido escrito por el señor John Garrigues.
 
La traducción al español fue hecha en México por
las teósofas Aida Luz Rivera y Piedad Peniche Rivero.
 
(Carlos Cardoso Aveline)
 
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“Qué pocos son, entre tantos peregrinos que tienen que
comenzar sin mapa ni brújula en el Océano sin playas del
Ocultismo, aquellos alcanzan la tan ansiada tierra. Créeme,
fiel amigo, que nada menos que una plena confianza en
nosotros, en nuestros buenos motivos si no en nuestra
sabiduría, en nuestra previsión si no omnisciencia - algo que
no habrá de encontrarse en esta tierra - puede ayudar a alguien
a cruzar desde la tierra de sueños y ficción a nuestra tierra de
la Verdad, la región de la austera realidad y de los hechos.”
 
[“The Mahatma Letters”, T.U.P.,
Pasadena, California, Carta LXIV, p. 358.]
 
 
 
La confianza es la piedra de toque espiritual. Su ausencia, en la Línea que mantenemos en  nuestras vidas  esparce polvo y ceniza en todo esfuerzo aparentemente  elevado.
 
Confianza es la primera condición para el éxito, en toda parte y todo lugar. Confianza en la Ley de nuestras propias naturalezas inmortales, confianza en que la justicia gobierna, certeza en nuestra capacidad de aprender, crecer, desarrollar y encontrar respuestas a todos los problemas - estas son las cualidades que cuando faltan los estudiantes sufren y caen para sumarse a los abultados rangos de “desilusionados”, y para tener una muerte espiritual que es más amarga, y más verdadera “muerte” que la mera muerte física jamás lo ha sido o pueda llegar a ser.
 
La maldición de nuestra era es la sospecha.  Esos que desconfían de sí mismos tienen miedo de confiar en alguien. Puesto que la nota de los tiempos es la discordia del materialismo, el ideal común de vida superior es la posesión de vastos almacenes de riqueza material. Tener “harto dinero” es ser exitoso en la vida. Algunos teósofos sienten lo mismo que todos los otros al respeto, con la excusa de que entonces podrán hacer mucho por la Teosofía. Pero la experiencia de la naturaleza humana revela el triste hecho de que cuanto más se tiene bienes de este mundo más preciosas se vuelven las posesiones y el poseedor parece menos capaz de desprenderse voluntariamente de ellas. Los hombres sospechan unos de otros, sabiendo muy bien en sus corazones lo que harían con la riqueza de su vecino si la oportunidad se presentara. Las condiciones han llegado a tal punto actualmente que uno no puede hacer un servicio altruista sin que prenda la certeza en la mente de muchos de que se está intentando un propósito ulterior. Si un Cristo estuviera caminando en la calle hoy en día, haciendo “milagros” y curando a los afligidos, se sospecharía que lo hace por lucro o también podría decirse que “está haciendo propaganda de algo”.
 
El estudiante de Teosofía que tenga la intención de traspasar el muro de la teoría y la desconfianza - yendo más allá de las hoscas murallas del conocimiento libresco - no solo tiene que pararse firmemente en contra del rugiente torrente del materialismo. Tiene ciertamente que progresar en contra de él. Tiene que hacer más que creer en el altruismo. Tiene que convertirse en altruista. Con hercúleos esfuerzos tiene que persistir con firmeza  - cuando cuerpo, mente e incluso el Alma misma están tan cansados del desigual combate que gustosamente perecerían sobre el camino - y sostenerse, aunque todo su mundo, él mismo incluido - crea que está loco.
 
La confianza es la única cualidad que, ganada con duro esfuerzo, prevalecerá en estas condiciones. Esta confianza no vendrá como resultado de la creencia o de la fe ciega. Es el resultado de la fe razonada, desarrollada por estudio y entendimiento de filosofía, y una rígida adhesión a enseñanzas éticas como modo de vida.  El teósofo aficionado nunca la ganará. El estudiante que ha tomado la  Teosofía como un estudio o para hacerse él o ella mejor profesor, doctor, abogado, artista,  para los negocios, más fuerte intelectualmente - o para las miles de cuestiones secundarias a las que se apega la mente humana -  nunca llegará a una posición de confianza, mucho menos a una seguridad consciente. Su conocimiento será “información y creencia” hasta el fin de sus días, y nada más. La confianza en sí le fallará cuando necesite fuerza,   y reclamar no servirá de nada.
 
La convicción en la verdad de las ideas Teosóficas fundamentales es el primer requisito de la verdadera confianza en sí. Al comienzo, puede ser mediante el estudio intelectual y sus frutos - una comprensión lógica y derivada de la razón filosófica.  Luego siguen pruebas a partir de la base que proporcionan la observación y la experiencia - en los asuntos del mundo y su habitantes como un cuadro móvil de eventos, hombres, cosas y métodos que se presentan al ojo de la mente día a día; y especialmente un análisis vigilante y honesto del proceso psicológico del estudiante mismo.
 
Pronto llegará el tiempo cuando el estudiante encontrará que ha reconocido la verdad de la enseñanza Teosófica, tanto como sea capaz de confirmarla, de estas maneras:
 
a) Mediante una síntesis intelectual y filosófica, basada en una fuente de verdades evidentes;
 
b) La aplicación de la enseñanza en los asuntos de la vida cotidiana, y sobre todo tanto como la experiencia interior justifique la idea de que la psicología es una ciencia exacta y está incluida en la  Teosofía;
 
c) Dándonos cuenta del hecho de que la Verdad siempre explica - esto es, que dando la explicación completa de cualquier cosa, tenemos la Verdad, sin conflicto con otra Verdad.
 
Esto último es una comprensión, no un conjunto de palabras. Llega con tal fuerza, como si fuera un disparo o como si la proyectara en la mente alguien desde afuera, aunque realmente viene de adentro: Buddhi se expresa en términos de convicción.
 
La apreciación de la necesidad de la existencia de los Maestros crece simultáneamente en el cerebro y el corazón del mediador. Si existe el conocimiento deben existir Conocedores; el conocimiento no existe en sí mismo sino que es el resultado de la observación y la experiencia: y deben haber Seres que han realizado las observaciones y registrado la experiencia. Esto es, hasta donde la agudeza intelectual pueda llevar al estudiante de Teosofía a cruzar desde “la tierra de sueño y ficción a nuestra tierra de Verdad, la región de la austera realidad y los hechos”. Porque hasta ahora el esfuerzo de casi todos se ha dirigido hacia la adquisición de conocimiento para uno mismo, por más que el estudiante crea que su motivo ha sido altruista. La mente y los poderes de raciocinio están satisfechos; una filosofía de vida que explica realmente se ha asegurado. Más allá del ejercicio mental, como un nadador que ejercita sanamente su cuerpo en agua limpia, no se siente más urgencia,  porque no se ha desarrollado todavía una cualidad esencial.
 
¿Cuál es la cualidad esencial que lleva al hombre a pesar de sí mismo a seguir ese Sendero cuyo recorrido trae “plena confianza” en los Maestros? Es algo tan raro, y sin embargo algo tan comúnmente evocado, que incredulidad es quizá la primera reacción mental cuando la palabra se presenta a nuestros ojos: Gratitud.
 
Pero piense en esto: esta emoción que uno escucha algunas veces e incluso oye expresarla a estudiantes de Teosofía cuando se menciona a los Maestros, no es Gratitud. Tampoco puede llamársele inteligente. La misma cosa inunda el círculo de oración cristiana, la renovación, la seánce espiritualista, la reunión patriótica - dondequiera que la gente se congrega y se conmueve fuertemente. Ocasionalmente, en las reuniones teosóficas, los “Maestros”, o los “Fundadores” han hablado de esto tan emotivamente que tanto el orador como la audiencia han temblado de emoción - mas no fue Gratitud.  
 
Gratitud no es ninguno de los muchos aspectos de la emoción psíquica que existe bajo otros nombres. Tampoco se presenta con palabras, normalmente, ni con expresiones del llamado “amor”. La  Gratitud es el reconocimiento de que con  sacrificio, y sin motivos personales, algo se ha hecho por nosotros  - un reconocimiento tan irresistible que nunca podemos descansar hasta que nosotros, a nuestro turno, sobre una base similar, hayamos trasmitido el divino servicio. La Gratitud es Buddhi en acción, una cualidad universal, y por tanto espiritual. Se expresa a sí misma en el servicio altruista: en el trabajo para los Maestros y en el trabajo de los Maestros, que son los sirvientes universales de la Naturaleza. La Gratitud convertida en acción efectiva es paz, control, quietud - y es tan poderosa como la electricidad cósmica. Ciertamente, ella es Fohat “aminorado”, y aplicado al trabajo cotidiano; porque Fohat es una fuerza inteligente, debemos recordar, y las fuerzas no existen por sí mismas.
 
Así entonces, en aquellos estudiantes para quienes la cognición racional de la existencia de los Maestros ha sido coronada con la gratitud, uno ve a los trabajadores activos de la Teosofía, los Compañeros comprometidos “por todo el mundo… con la idea de hacerla circular más ampliamente y expandirse”. Para el hombre y la mujer Occidental de hoy en día el proceso mental se expresa algo así como:
 
“Alguien tenía que poner a disposición las escrituras verdaderas y publicarlas. Alguien tenía que equipar las salas de reunión de las Logias, difundir el trabajo, mantenerlo funcionando, estudiar, hablar, ayudar, enfermo o en salud, en temporada y fuera de temporada. Alguien tenía que buscar el dinero necesario, y evidentemente tenía que mantenerse en ello eternamente. Por su sacrificio yo encontré y fui ayudado a entender la filosofía. Me siento obligado a hacer mi parte -  lo que quiere decir todo lo que puedo hacer - en cualquiera y cada departamento de las actividades de mi Logia. Y eso que ahora soy incapaz de hacer, me empeñaré en aprenderlo con todo mi corazón y energía.”
 
Esto, de llevarse a cabo, es una exhibición de gratitud - eso es gratitud. Esto también es “devoción”; pues como la verdadera gratitud, la devoción no es para nada un asunto solamente emocional. Este estudiante tampoco busca desarrollar modos especiales de servicio, que sean exclusivamente “suyos”, y que así contraería un caso agravado de “la comezón por discípulos”.  Trabaja en los canales que existen, que en su propio caso ha visto que son puros y verdaderos - justo allí en las filas de compañeros; trabaja para otros, con otros.
 
La confianza en sí mismo llega entonces al estudiante que siente gratitud y transforma el sentimiento en acción. La confianza en los demás sigue inevitablemente, pues él se ha constituido en un trabajador en las filas de otros que sienten y trabajan como él siente y trabaja, animado por la misma noblesse oblige, determinados como él está determinado, inteligentemente feliz como él es inteligentemente feliz.  Los principios de su naturaleza lo han impelido a comprometerse en esta gloriosa pelea no buscada, en la cual sólo los soldados favorecidos por la fortuna pueden comprometerse, así que es feliz porque es “natural” en el más alto y profundo de los sentidos.
 
Conforme avanza, la confianza engendra confianza; en sí, en sus compañeros, en la humanidad, en toda la Naturaleza. En su pensamiento, los Maestros han comenzado a emerger como hechos y no meramente como ideales. Primero están “adentro” y luego “afuera”, y luego en todos lados, en todas partes, en cada aspecto de sus cambiantes días y años. “Plena confianza” en Ellos es una cuestión de crecimiento, una realización creciente, confirmada poquito a poco a través de la experiencia, por medios internos y sutiles - medios que no presentarán ninguna prueba a otro; pero el sentimiento que acompaña a estos velados eventos internos es inequívoco. Es claro, sin mancha, indescriptiblemente convincente.
 
El estudiante verdaderamente estará “cruzando” desde esta tierra de sueños y ficción a Su tierra de Verdad. Al mismo tiempo, estará ganando “plena confianza” en Ellos. El proceso  es uno, no dos. No está separado. Son meramente aspectos del mismo viejo, eterno proceso, mencionado en las escrituras antiguas (otra confirmación de su realidad), y llamado, en las enseñanzas de hoy, de  “la construcción de antaskarana”. Este es el sentido de la frase: el estudiante tiene que “convertirse él mismo en Sendero”. Porque ¿cómo podría “cruzar” si no hubiera “puente” o “Sendero”? ¿Cómo podría construirlo excepto con sus propios materiales puesto que el “Sendero está adentro”? ¿Cómo podría encontrar y transformar los materiales, excepto por el hecho de que como ser humano en evolución está en contacto mediante sus propios instrumentos con cada departamento de la  Naturaleza? Así, un entendimiento de las enseñanzas científicas de la filosofía se mezcla con lo ético y lo psicológico.  El velado misticismo de los antiguos está confirmado en la verdadera vida de estudiante del hombre o mujer observador y reverente de hoy en día.
 
Entonces, “plena confianza” es un crecimiento - un crecimiento mediante servicio - “sin expectativa y libre de esperanza”. “La región de la austera realidad y los hechos” debe necesariamente ser “Tierra de la Verdad”, porque sólo la verdad es inmutable, y sólo lo inmutable es real.
 
Alcanzarla no es ir a algún lado  - no es cambiar de locus; no es llamar atraer la atención de los otros - ni querer eso; seguramente no es anunciarnos a nosotros mismos, ni directa ni indirectamente.Es un punto de vista diferente, y una acción inteligente que sale desde ese punto de vista.  La vida del estudiante y la vida personal no están separadas.
 
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Acerca del papel del movimiento teosófico en el  despertar ético de la humanidad, lea el libro “The Fire and Light of Theosophical Literature”, de Carlos Cardoso Aveline.
 
 
Publicado en 2013 por The Aquarian Theosophist, el volumen tiene  255 páginas y puede ser obtenido en Amazon Books.

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